Al rescate de la casa emblema del único Pritzker mexicano

Durante la restauración de la Casa Luis Barragán se detectó que las vigas de las oficinas y algunas del taller estaban en muy mal estado.

En los últimos meses, la Casa Luis Barragán (Ciudad de México) fue sometida a la primera de una serie de intervenciones, que corresponden a uno de los procesos de restauración más ambiciosos a los que la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, A.C. (FAT LB) se haya enfrentado desde que este inmueble fuera abierto al público como museo de sitio en el año de 1996.

Con esto, no sólo han demostrado su compromiso por la conservación de este inmueble, sino a la par han respondido con hechos a la crítica generalizada por el poco mantenimiento dado en los últimos años; situación que puede comprenderse por lo complejo del panorama al que la FAT LB tuvo que enfrentarse para la obtención de fondos suficientes que pudiesen solventar lo costoso de estos trabajos; pues cabe mencionar que por las técnicas empleadas para su construcción, extraídas en su mayoría de la arquitectura vernácula, la obra de Luis Barragán en su última etapa de creación plástica, es altamente susceptible al deterioro.


En relación a esto, el arquitecto Armando Chávez Cervantes, Presidente de la FAT LB, nos comenta que hubo "...un plan general de las áreas a restaurar, esta primera etapa contemplaba: las dos fachadas: calle y jardín, terraza, sala y biblioteca; pintura en recámaras, impermeabilización y reposiciones de aplanados en muros de colindancia".

Sin embargo, a pesar de este planteamiento se tuvieron que hacer diversas modificaciones. "Conforme avanzó la obra se detectó que las vigas de las oficinas y algunas del taller estaban en muy mal estado y tuvimos que priorizar por la seguridad de la gente y del inmueble, [por tanto] se canceló la intervención de la fachada del jardín y las recámaras", señala.


Actualmente la fundación se encuentra en vías de recibir otra partida de CONACULTA, que permitirá terminar la restauración completa, misma que se dirigirá al mobiliario, alfombras y accesorios. Sin duda, ésta planteará nuevos retos que logren refrescar la lectura de esta icónica obra de la arquitectura mexicana.



Escrito por: Luis A. Montes Parra, quien es arquitecto por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, beneficiario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en su programa de Fomento a Proyectos Culturales 2012-13 y coordinador editorial de FUNDARQMX.

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