La vivienda en México: La vivienda posrevolucionaria

Actualizado: jul 3


Introducción


El siglo XX trajo consigo muchos cambios significativos en México. Entre 1910 y 1911 llegó a su fin la era del Porfiriato, y en 1910 inició la Revolución mexicana. Ambos eventos tuvieron un gran impacto en la cultura, la política y, por supuesto, la arquitectura. Gran parte de los edificios públicos o cívicos del siglo XIX, cuyo estilo era considerado “afrancesado” se volvieron motivo de discusión entre diversos arquitectos al volverse cada vez más industrializados y mecanizados los procesos constructivos. De manera simultánea, en Europa surgieron arquitectos cuya importancia e influencia fue tal que provocaron un cambio en la visión y proyección de la vivienda. Como consecuencia surgió el concepto de espacios “mínimos”, en los cuales la funcionalidad de los mismos dependía de su eficiencia y flexibilidad (1). En 1933 los funcionalistas en las Pláticas sobre Arquitectura, retomaron y defendieron arduamente estos conceptos (2).

Conjunto Buen Tono (1913) - Miguel Ángel de Quevedo. Fotografía de Mario González.


Conjunto Condesa (1912-1922) - Thomas S. Gore.

Fotografía de Enrique de la Rosa Parra.


Como resultado, la comunidad arquitectónica se dividió y se crearon dos grupos principales, los nacionalistas (quienes se oponían a la internacionalización del lenguaje arquitectónico) y los funcionalistas (quienes utilizaron la ideología político-social como parte del lenguaje arquitectónico) (3). Los nacionalistas representaron a la derecha y su apego con los principios tradicionales, mientras que los racionalistas representaban a la izquierda y su mayor preocupación fue cómo afrontar las demandas de vivienda e infraestructura (4).


Al crecer de manera significativa la clase obrera en México, se vio la creación de nuevas normas y leyes cuyo objetivo era proteger a los trabajadores así como facilitar su integración a la ciudad y sus zonas industriales. La Constitución de 1917 declaró que todos los trabajadores tendrían derecho a una vivienda digna, propiciando un cambio en el medio doméstico ya que por primera vez, los trabajadores de clase baja tendrían la oportunidad de adquirir una casa propia. A su vez, dicha casa debería cumplir con los nuevos estándares de higiene, tales como agua potable y electricidad, entre otros. Esta tendencia de generar espacios higiénicos era parte importante de la “modernización” de la vivienda, y cuyo objetivo era eficientizar la arquitectura. Para alcanzar el éxito de este nuevo concepto, era indispensable determinar un usuario específico, y una vez identificado el usuario había que determinar cuáles eran sus necesidades (5).



La vecindad moderna y los primeros conjuntos de vivienda


A principios del siglo XX, la vivienda “nueva” consistía en la readaptación de edificios antiguos (por ejemplo, se usaron conventos para crear algunas vecindades). Al no ser espacios pensados para ser habitados de la misma manera que es habitada una casa, hubo una falta de higiene e inflexibilidad en la estructura. Esto se convirtió en un problema debido a la migración de la población del campo a la ciudad y a la concientización de los estándares de higiene en la vivienda. Como resultado se crearon las primeras propuestas de vivienda, donde la higiene y la densificación de las residencias resultaron ser elementos claves. Adicionalmente, las casas buscaron ser eficientes, tanto en funcionamiento como en su acomodo dentro del conjunto (debido a la mentalidad industrial que surgió después de la Revolución). Esto ocasionó un cambio en los espacios interiores de la vivienda donde cada cuarto tenía un uso predeterminado, que no se podía juntar con otros espacios (es decir, la sala ya no podía tener una cocina o un comedor dentro del mismo espacio). Un aspecto interesante es que las nuevas construcciones contaban con los últimos avances técnicos de la época (estructuras de acero y concreto armado y ascensores), sin embargo, su morfología seguía siendo muy tradicional (6).


La primera obra que señaló esta transición de técnicas constructivas fue el conjunto Buen Tono (1913) del Ing. Miguel Ángel de Quevedo, en el que convirtió a la casa en un producto eficiente, donde el confort del espacio doméstico se relacionó con un concepto de productividad (7). El edificio se construyó con una estructura prefabricada de hormigón armado y acero, lo cual permitió crear espacios modulados. Miguel Ángel de Quevedo generó distintas tipologías de vivienda, que contribuyeron a incrementar la densidad del conjunto (174 familias en 1.7 ha), iniciando un cambio en la manera en que se concebía la vivienda en México (8).


El Conjunto Condesa (1912-1922) de Thomas S. Gore, fue de los primeros edificios de departamentos, conformado por bloques de vivienda en hilera (9). El proyecto se consideró un antecedente de la casa moderna, donde el acomodo interior de los espacios empezó a tener una lógica más funcional que buscaba satisfacer las necesidades del hombre moderno, del hombre metropolitano (10).


Pasaje Polanco (1939) - Francisco J. Serrano. Fotografía de Peter Stackpole.


Conforme se fueron desarrollando las nuevas técnicas constructivas, el estilo arquitectónico del Art Decó empezó a permear cada vez más en los proyectos de vivienda (especialmente en las nuevas colonias de la ciudad como Polanco, Condesa y Escandón) (11). El concreto fue el material ideal para el Art Decó ya que se podía moldear como la cantera y era económico (lo cual era atractivo para las constructoras) (12). Este estilo logró unir las prácticas artesanales y la ornamentación tradicional con los nuevos métodos constructivos y por ende fungió como un antecedente a la arquitectura racional. El objetivo del Art Decó fue generar una estética de los productos industrializados que sea fácilmente asimilable y que demuestre una fusión entre el arte y la industria (13). Tanto Juan Segura (en el conjunto Isabel de 1929) como Francisco J. Serrano (en su conjunto Jardín de 1931 y el Pasaje Polanco de 1939) desarrollaron conjuntos de vivienda que mostraron esta fusión entre “lo histórico y lo moderno, lo lujoso y lo económico” (14).



La casa racional


La casa Palmas 81 (1929) de Juan O´Gorman se consideró la “primera casa funcionalista en México”, en la cual se dejan aparentes los materiales y el sistema estructural (un gesto que se replicó en la arquitectura del siglo XX). El proyecto se compone por dos losas de concreto armado y unos postes esbeltos que hacen referencia a la Maison Domino (1914) de Le Corbusier. En la planta baja se encuentra una terraza cubierta (concebida como un pórtico), una sala, cocina y comedor, mientras que en la planta alta está el estudio, un baño y cuatro habitaciones. La escalera helicoidal conecta al estudio con el jardín. Es decir con el exterior, vínculo que refuerza mediante el uso de unos ventanales plegables. La casa busca mostrar la estructura racional, el acomodo de los espacios según su función y la eficiencia del conjunto (15).



La vivienda mínima


En 1929, el Partido Nacional Revolucionario se vio obligado a generar una respuesta ante el artículo 123 de la Constitución, el cual dictaba que los patrones tenían que proporcionar vivienda digna para sus trabajadores (16). Como resultado, en 1932 se publicó en la revista El Universal un concurso para la casa obrera mínima, propuesta por el Arq. Carlos Obregón Santacilia quien era el director de la empresa privada Muestrario de la Construcción Moderna, encargada de la realización del proyecto ganador. La convocatoria tenía como objetivo, explorar las necesidades mínimas de una persona (en este caso de una familia obrera), tomando en cuenta la higiene, la economía, la manufactura del edificio y su sistema constructivo (17). Entre las propuestas generadas destacan la de Juan Legarreta (quien ganó el concurso) y la de Juan O´Gorman.


El proyecto de vivienda obrera mínima de Legarreta buscó generar un esquema que acomodara a la familia obrera, partiendo de la madre como el núcleo central del hogar (en esa época se consideraba que la cocina era el espacio de la señora de la casa). La mujer, aún estando en la cocina, logró formar parte del resto de las actividades de la casa y de la calle. Este cambio radical en la concepción del espacio, coloca la cocina y el comedor, a lado del vestíbulo de acceso, y le otorga una conexión directa con la estancia y una relación visual con el jardín interior y la entrada de la calle (lo cual genera una sensación de seguridad y control). Adicionalmente, Legarreta intentó eliminar los recorridos innecesarios dentro de la vivienda, utilizando la estancia como un espacio de transición, que se relaciona con las dos alcobas de los hijos/hijas de la familia y con el baño compartido que se esconde detrás de un muro compartido con la recámara principal. El espacio es flexible ya que la estancia puede formar parte de las alcobas, las cuales se esconden detrás de una cortina (18).


El conjunto incorporó tres tipologías de vivienda, la más pequeña siendo de 44.10 m², mientras que la más grande era de 66.66 m². La vivienda tipo 1, de un solo nivel, medía 54.90 m² y contaba con dos accesos (19), los cuales dan hacia el comedor y la cocina, cuyos espacios están a un lado de la estancia. Un cambio radical en el acomodo de los espacios se encuentra en la separación del escusado del lavabo y la regadera, generando un primer acercamiento a un baño de tres usos simultáneos (20). En la casa tipo 2, la vivienda más chica, la estancia y la cocina se encuentran en la planta baja (espacios compartidos) mientras que las recámaras y el baño se encuentran en el primer nivel (21). En la tipología 3, la planta baja se concibe como un espacio comercial, elevando el espacio doméstico al primer nivel. Es entonces que Legarreta propone un conjunto mixto, con posibilidades comerciales, lo cual beneficia tanto a los propietarios como a los vecinos.

Instituto de Higiene (1925) - José Villagrán.

Fotografía de Guillermo Kahlo.


En 1925 el arquitecto José Villagrán construyó el Instituto de Higiene, el cual fue de los primeros edificios en México que mostró lo sencillo que era utilizar el concreto armado y el acabado limpio que podía otorgar (22). El concreto armado se consideró entonces el material de la nueva arquitectura funcionalista, misma que Juan Legarreta plasmó en su proyecto de vivienda obrera mínima. El proyecto utiliza zapatas corridas de mampostería combinadas con muros de concreto armado y losas macizas ya que no tenía claros muy grandes. Es una estructura muy eficiente y flexible. Las casas están pensadas de tal manera que las instalaciones están integradas en el muro, proporcionando las medidas necesarias para tener un hogar higiénico. La construcción de la vivienda es muy limpia y sencilla, permitiendo una reproducción en serie de las distintas tipologías (23).


El proyecto de vivienda obrera mínima de Juan Legarreta fue una muestra de la “modernización” del país, donde las nuevas propuestas tenían una intención social y al mismo tiempo buscaban ser eficientes y flexibles, de tal modo que pudiera acomodar a la creciente población urbana. El uso del concreto armado y la modulación de los espacios, generó un lenguaje sincero y preciso, donde cada vano respondía al programa interior. El acabado de los muros lisos y las ventanas cuadriculadas componen la fachada, libre de ornamentos (24). El intento de crear unas casas en serie muestra cómo el arquitecto quiso crear una “máquina de habitar” (25). Aún utilizando el concreto armado, muchos procesos del proyecto fueron artesanales, mostrando cómo el país aún no tenía los conocimientos técnicos de los arquitectos modernos europeos y de los Estados Unidos. El enfoque de Legarreta no fue el mejoramiento de la estética de la casa, más bien fue la distinción de las necesidades del usuario y cómo satisfacerlas (26).


Proyecto de Vivienda Obrera Transición (1932) - Juan O'Gorman


La propuesta de Juan O´Gorman, la Vivienda Obrera Transición, combinó por primera vez lo colectivo con lo individual, reuniendo ambos conceptos dentro de una estructura flexible modular. A diferencia de otros desarrollos habitacionales, la casa se concibió como un sistema que tenía que atender a las necesidades de distintos usuarios (que tenían distintas costumbres) (27).


Proyecto de Ciudad Obrera (1938) - Unión de Arquitectos Socialistas


En 1938, se formó la Unión de Arquitectos Socialistas (UAS), la cual quiso resolver el problema de la vivienda para la clase obrera en México. Su proyecto, Ciudad Obrera (1938), quería generar un modelo de vivienda que promoviera la vida comunitaria (28). El conjunto se basó en la “liberación de las tareas domésticas y en una estructura social más igualitaria influida por las casas comuna soviéticas” conocidas también como komunalkas (29). Las casas comuna eliminaban los “espacios de la burguesía” dentro de los departamentos para convertirlos en espacios colectivos (30). La escala del proyecto sirvió como un antecedente de las grandes unidades habitacionales de la mitad del siglo XX en México.



Los primeros edificios de vivienda vertical


De 1918 a 1930, la ciudad creció exponencialmente, tanto en población como en extensión urbana (se triplicó), lo cual llevó a una nueva propuesta arquitectónica: la vivienda en altura. Las cuales se habían pensado como estructuras eficientes que albergaran tanto el hogar como los servicios (de manera compartida), así también, formando parte de la imagen urbana del movimiento moderno (dirigido hacia los coches). El objetivo de estos modelos era ser eficiente, higiénico y cómodo, llevando todas las amenidades y los espacios de una casa a un departamento (31). Este nuevo tipo de vivienda se explorará en el siguiente artículo de La vivienda en México.



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ART. 2 - La vivienda posrevolucionaria
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Notas y Referencias


(1) Canales, Fernanda. Vivienda colectiva en México - El derecho a la arquitectura. Barcelona: Gustavo Gili, 2017, 15.


(2) Canales González, Ana Fernanda. “La modernidad arquitectónica en México; una mirada a través del arte y los medios impresos”. Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2013, 50.


(3) Canales González, Ana Fernanda, Op. Cit., 58-59.


(4) Canales González, Ana Fernanda, Op. Cit., 60.


(5) Canales, Fernanda, Op. Cit., 14.


(6) Canales, Fernanda. Vivienda colectiva en México, El derecho a la arquitectura. Gustavo Gili. España: 2017, 53.


(7) Canales, Fernanda, Op. Cit., 43.


(8) Canales, Fernanda, Op. Cit., 44.


(9) V. Ángeles, Jorge. “Un lugar llamado Peyton Place” Casa del tiempo. Número 5, 2008, 41-44.


(10) Sánchez, Horacio. La vivienda y la ciudad de México - Génesis de la tipología moderna. México: UNAM, 2006. 71-73.


(11) Canales, Fernanda, Op. Cit., 53.


(12) Sánchez, Horacio, Op. Cit., 133.


(13) Sánchez, Horacio, Op. Cit., 134.


(14) Canales, Fernanda, Op. Cit., 53.


(15) Kochen, Juan José. La casa de O’Gorman. Accesado 1 de abril de 2021. Disponible en https://www.arquine.com/la-casa-de-juan-ogorman/ ; Internet.


(16) Yepes Rodríguez, Jorge O. “Juan Legarreta: vivienda obrera mexicana posrevolucionaria”. Bitácora arquitectura. Número 32, 2016, 29.


(17) Yepes Rodríguez, Jorge O., Op. Cit., 29.


(18) García Vázquez, M. de Lourdes. “Habitar el diseño: la vivienda desde la igualdad de género”. Vivienda y ciudad. Volumen 3, diciembre 2016, 80-81.


(19) Vázquez Ángeles, Jorge, Op. Cit., 47.


(20) Yepes Rodríguez, Jorge O., Op. Cit., 30.


(21) Yepes Rodríguez, Jorge O., Op. Cit., 28.


(22) Yepes Rodríguez, Jorge O., Op. Cit., 28.


(23) Yepes Rodríguez, Jorge O., Op. Cit., 27-28.


(24) Yepes Rodríguez, Jorge O., Op. Cit., 31.


(25) Yepes Rodríguez, Jorge O., Op. Cit., 31.


(26) Yepes Rodríguez, Jorge O., Op. Cit., 29.


(27) Canales, Fernanda, Op. Cit., 27.


(28) N. M. Soriano, Jesús. La Unión de Arquitectos Socialistas y su proyecto de Ciudad Obrera (1938). México: Instituto de Estudios Superiores Rosario Castellanos, 2019, 152.


(29) Canales, Fernanda, Op. Cit., 27.


(30) https://theconversation.com/los-antepasados-del-cohousing-las-casas-komuna-sovieticas-153487.


(31) Canales, Fernanda, Op. Cit., 73.


  1. Las imágenes refieren a los autores o sitios mencionados, si por descuido se ha omitido algún crédito, no ha sido con mala intención y agradeceremos nos contacten para difundir apropiadamente este documento informativo y de difusión de la vivienda en México.


Bibliografía


Canales, Fernanda. Vivienda colectiva en México - El derecho a la arquitectura. Barcelona: Gustavo Gili, 2017.


Canales, Fernanda. “La modernidad arquitectónica en México; una mirada a través del arte y los medios impresos”. Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2013.


García Vázquez, M. de Lourdes. “Habitar el diseño: la vivienda desde la igualdad de género”. Vivienda y ciudad. Volumen 3, diciembre 2016, 77-84.


González Ortiz, Humberto. “Carlos González Lobo. Caminos hacia lo alternativo dentro del ámbito conceptual, proyectual y contextual de la arquitectura”. Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Cataluña, 2001, 64-73.


N. M. Soriano, Jesús. La Unión de Arquitectos Socialistas y su proyecto de Ciudad Obrera (1938). México: Instituto de Estudios Superiores Rosario Castellanos, 2019.

Sánchez, Horacio. La vivienda y la ciudad de México - Génesis de la tipología moderna. México: UNAM, 2006.


Tello, Juan Carlos. Historia de un dibujo: la casa obrera mínima. Accesado 05/04/2021. Disponible en https://www.arquine.com/dibujo-casa-obrera-minima/; Internet.


Vázquez Ángeles, Jorge. “A la caza de Juan Legarreta”. Casa del tiempo. Número 53, marzo 2012, 45-48.


V. Ángeles, Jorge. “Un lugar llamado Peyton Place” Casa del tiempo. Número 5, 2008, 41-44.


Yepes Rodríguez, Jorge O. “Juan Legarreta: vivienda obrera mexicana posrevolucionaria”. Bitácora arquitectura. Número 32, 2016, 26-33.

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