La vivienda en México: Los primeros edificios de vivienda vertical

Actualizado: jul 3

Introducción


De 1918 a 1930, la ciudad de México creció exponencialmente, lo que generó una crisis inmobiliaria de la cual surgió una nueva propuesta arquitectónica: la vivienda en altura. El objetivo de este esquema era reunir tanto el hogar como los servicios, adecuándose también a la nueva comodidad del hombre metropolitano: el automóvil (1). Los edificios de departamentos lograron desarrollarse gracias a reformas políticas y económicas, y la creación de nuevas industrias en el país.


Oficinas del Comité Organizador del Partido Nacional Revolucionario (1929). Fotografía de Agustín Víctor Casas


La década de 1930 cambió la situación socioeconómica de México, señalando una transición del periodo posrevolucionario a una nueva etapa que destacó por la prosperidad económica y de las reformas nacionalistas. El Partido Nacional Revolucionario (PNR) se fundó en 1929 tras la muerte del General Álvaro Obregón con el objetivo de reunir a los distintos grupos revolucionarios (2). Al tener varios constituyentes organizados bajo una misma organización se eliminaron las voces de oposición y se aceptó deliberadamente las acciones y las propuestas planteadas por el partido (3). El PNR se fortaleció durante la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940), la cual destacó por la Ley de expropiación y sus reformas agrarias (4).


Presidente Manuel Ávila Camacho y Presidente Franklin D. Roosevelt en Monterrey (1943). Fotografía del National Archives and Records Administration, EUA.


El gobierno de Manuel Ávila Camacho cambió el enfoque económico de uno agrario a uno industrial, del cual se benefició el país durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). México se convirtió en exportador de materia prima y productos manufacturados para apoyar a Estados Unidos. Al mismo tiempo el gobierno fomentó la inversión extranjera para apoyar a empresarios privados y logró establecer ciertas industrias como la de artículos eléctricos, los cuales ya no se podían importar por la guerra (5).


El espíritu industrial facilitó la aceptación del lenguaje moderno dentro de la arquitectura en México. La economía de este tipo de arquitectura resultó favorable para muchos clientes quienes buscaban obtener mayor retorno de inversión por cada metro cuadrado construido. El periodo de 1933-1942 señaló el desarrollo de la arquitectura moderna, en parte gracias a publicaciones como The New Architecture in Mexico (1937) de Justino Fernández, Esther y Ernest Born, y la exposición The International Style: Architecture since 1922 del Museo de Arte Moderno en Nueva York (6).


Entre función y tradición


De forma paralela al desarrollo de la arquitectura moderna, el Art Decó se estableció como el estilo de las clases acomodadas en México, el cual se caracterizó por ser más ornamental (7). El estilo se asoció con el nivel socioeconómico de los clientes y de los habitantes. Aún siendo decorativo, el Art Decó logró fusionar la tradición con los nuevos procesos y materiales constructivos. El objetivo de este estilo era generar una estética de los productos industrializados que fuera fácilmente asimilable y que demostrara una fusión entre el arte y la industria (8). A pesar de que el Art Decó y el movimiento moderno se catalogaron como vanguardias distintas, en realidad compartían varias características similares. Los materiales empleados en las construcciones de este estilo fueron los mismos que se emplearon en las construcciones modernas. En México, el hormigón armado y el acero se utilizaron para las estructuras de los nuevos edificios de apartamentos, en parte por sus cualidades físicas y por otro lado, también se redujeron los costos de construcción (9).


El Art Decó tuvo dos ramificaciones: la primera buscaba generar formas más geométricas a través de tratamientos ornamentales tanto al exterior como al interior del edificio. La segunda, también conocida como streamline, se asoció más con la estética funcionalista, sin embargo, mantuvo una composición clásica (10). La arquitectura de este estilo se llevó a cabo principalmente en la colonia Hipódromo Condesa y sus alrededores. Un proyecto que destacó durante esta época fue el Edificio Ermita, el cual integró un programa de usos mixtos a un edificio de apartamentos (11).


El Edificio Ermita (1931), obra del arquitecto Juan Segura (1889-1989), fue una construcción emblemática, tanto por su ubicación como por las innovaciones técnicas y espaciales implementadas en su construcción. El proyecto se emplazó entre Avenida Revolución y Jalisco, en la colonia de Tacubaya (municipio que se integró a la Ciudad de México en 1928), de la cual obtiene su traza trapezoidal. Juan Segura quiso plasmar la imagen de un transatlántico, un concepto que estuvo presente en la mente de muchos arquitectos europeos (en el caso del arquitecto suizo Le Corbusier, el automóvil, el transatlántico y el avión le llevaron a concebir la vivienda como una “máquina”, como un producto eficiente). La fachada que da hacia la intersección tiene una similitud con una columna clásica, la cual tiene un “basamento de granito, un fuste de concreto con estrías dóricas y un capitel con tres alerones” (12). Las dos fachadas que dan hacia la calle se caracterizan por ser una composición de vanos y macizo, la cual se atenúa mediante el uso de marquesinas y molduras (13).

Fotografía de la Colección Villasana Torres.


El proyecto contaba con un cine, locales comerciales en planta baja y tres distintas tipologías de departamentos (14). Al ofrecer distintos acomodos y tamaños de departamentos, los habitantes del edificio fueron más diversos, tanto en economías como en costumbres (15). Adicionalmente, el conjunto replanteó el concepto de la vecindad: se concibió con un patio central rodeado por vivienda en altura y contaba también con terrazas en la azotea (16).


Se utilizó acero y concreto armado para la estructura, cuya ornamentación partió de la imagen de un transatlántico y del acomodo del programa al interior del edificio. En el caso de la sala cinematográfica, el techo se sostuvo mediante nueve armaduras de acero ocultas que se ven plasmadas en la fachada exterior a través de unas placas que sirven también como elemento compositivo (17).


Los nuevos esquemas


Los primeros edificios de vivienda vertical se diferencian por tener dos tipos de esquemas organizacionales: el que utilizaba el espacio central denominado como hall para organizar el acomodo y distribución de los apartamentos y el esquema “cuadrado” que utilizaba una retícula para definir la división de espacios. El objetivo de ambos esquemas era proporcionar una solución para los proyectos arquitectónicos en terrenos de tamaño reducido (18). Adicionalmente, se quería propiciar espacios flexibles, donde el usuario pudiese alterar o adaptar la vivienda a sus necesidades (19). Los sistemas constructivos de los esquemas fueron muy similares ya que ambos utilizaban el acero y el concreto armado, lo cual señaló que la decisión de usar uno sobre el otro era una decisión estética y formal (no una técnica) (20).


Ejemplos de esquemas cuadrados y con un hall. Dibujos de Shivali Akki y Diane Haigh.


La vivienda eficiente


Durante la década de 1940, hubo un incremento en la cantidad de edificios de vivienda vertical en la Ciudad de México, como resultado de la migración de campesinos y extranjeros hacia la capital. Surgió una nueva clase media, la cual demandaba una vivienda digna que fuera asequible. La arquitectura funcionalista se convirtió en la solución a este problema, facilitando la construcción de edificios económicos sin comprometer las amenidades y el nuevo sentido de confort proporcionado por el movimiento moderno y los avances tecnológicos de la época.


El funcionalismo surgió a través de José Villagrán y aquellos arquitectos que aprendieron de él como Juan O´Gorman y Juan Legarreta, quienes desde una perspectiva de la “arquitectura social, útil y económica, se conocieron como funcionalistas radicales”. De estos “socialistas radicales” surgió un segundo grupo de arquitectos funcionalistas, conformado por arquitectos como Luis Barragán, Enrique del Moral y José Creixell (21). Las primeras obras de este nuevo grupo se tienen que entender desde una perspectiva empresarial, donde los proyectos son inversiones económicas más que expresiones de un estilo. La economía de sus obras resultó ser muy atractiva para sus clientes y como resultado, el funcionalismo se empezó a desarrollar en México, no sólo en edificios de vivienda, sino también se usaron los mismos principios de organización y de aplicación de materiales sin ornamentación en obras públicas. Los ingenieros que anteriormente se dedicaron a replicar el estilo colonial californiano, optaron por reproducciones modernas, con los materiales expuestos, espacios flexibles y una estética austera y racional (22). Es importante tomar en cuenta que el funcionalismo denotó una posición teórica mientras que los edificios modernos fueron el resultado de un enfoque en la rentabilidad económica (23).


El Edificio Estrasburgo (1937) (24), obra de Enrique de la Mora y José Creixell, demostró cómo se podían incorporar todas las comodidades y servicios a una vivienda de tamaño reducido (el terreno era de 9.17 x 3.20 metros, lo cual se puede considerar muy angosto) (25). En 1939, Luis Barragán y José Creixell completaron el Edificio Garza sobre la calle de Melchor Ocampo. Dos años después, en el terreno adyacente, Barragán colaboró con Max Cetto (un arquitecto de origen alemán que colaboró con Richard Neutra en Estados Unidos) para diseñar el edificio de estudios para artistas (Melchor Ocampo 38). Esta primera etapa del arquitecto tapatío se caracterizó por sus influencias del movimiento moderno en Europa, principalmente de los edificios del arquitecto suizo Le Corbusier, cuya arquitectura describió como “una bella escultura” )(26).

Fotografía del Archivo de Arquitectos Mexicanos.


Edificio Garza, Melchor Ocampo 40 (1939) - Luis Barragán y José Creixell (izquierda); Edificio para artistas, Melchor Ocampo 38 (1941) - Luis Barragán y Max Cetto (derecha)

Planos de Susanne Dussel (Planos originales del Archivo Max Cetto), UAM.


El proyecto fue un encargo de las hermanas Paz y Carmen Orozco, quienes ya le habían encargado una casa a Barragán en Guadalajara. Los arquitectos decidieron mantener la planta del edificio de forma irregular de acuerdo con la silueta original del terreno (en vez de imponer una traza ortogonal). La distribución del edificio consiste en cuatro niveles y una escalera de terrazo al centro que parte al proyecto en dos, generando así dos apartamentos con doble altura de cada lado. El edificio casi no tiene ángulos rectos y todo el mobiliario ha sido fabricado especialmente para los espacios que diseñaron Barragán y Cetto. La piedra ha sido esculpida para generar sombras e ilusiones ópticas. El acceso de los apartamentos es mediante un vestíbulo compacto que guía al usuario al espacio central que cuenta con una doble altura y un gran ventanal con una retícula de parteluces delgada que permitía la entrada de luz. Al exterior, la fachada se dobla ligeramente para respetar la forma que tiene la cuadra, la cual parte del parque Melchor Ocampo. La fachada se lee como un diagrama que representa lo que ocurre al interior (donde los grandes ventanales señalan la doble altura y las ventanas escalonadas reflejan la circulación vertical del edificio) (27).


Posteriormente, el arquitecto Enrique del Moral construyó el Conjunto Calles (1942) en la esquina opuesta a la cuadra de Melchor Ocampo, optando nuevamente por adaptarse a la geometría irregular del terreno. Los arquitectos habían superado la traza reticular de los primeros “socialistas radicales”, generando esquemas en planta cada vez más complejas. Francisco J. Serrano diseñó el Edificio Basurto (1942) en forma de “X”, colocando la circulación vertical al centro. Vladimir Kaspé y Abraham Zabludovsky empezaron a incorporar formas más orgánicas y fluidas en sus edificios, demostrando un control total sobre la técnica y la estética (28).


Una nueva escala

En 1956 se aprobó la Ley de Condominos, la cual permitió que un inmueble tuviese varios propietarios. Esto llevó a la construcción del Condominio Reforma (1956), obra de Mario Pani y Salvador Ortega. Fue el primer edificio concebido como propiedad en condominio y como resultado, la escala fue mucho mayor al de proyectos anteriores (ocupa 1,260 m2 de superficie del terreno) (29). El conjunto cuenta con trece pisos, doce siendo de departamentos y una planta baja donde se ubican 23 locales (los cuales se extienden al nivel del mezzanine) (30). Por primera vez, una obra arquitectónica singular tuvo un impacto sobre la imagen urbana de la ciudad (31).


Condominio Reforma (1956) - Mario Pani y Salvador Ortega. Fotografía de Guillermo Zamora.


Ciudades dentro de ciudades


En 1950, la población de la Ciudad de México se incrementó por un 6.1%, alcanzando 2.9 millones de habitantes, lo cual ocasionó una escasez de vivienda (32). El Estado utilizó las unidades habitacionales como una solución a la crisis inmobiliaria, pero también como un instrumento político que señalaba un anhelo por lo moderno, lo nuevo y un desprecio por lo pasado, lo tradicional. Adicionalmente, fue una muestra del control de la ciudad y el desarrollo urbano, donde cualquier propietario que no compartiera la misma visión política sería despojado, y su terreno adaptado. Tal fue el caso con Tlatelolco, donde los barrios pobres de la zona industrial fueron reemplazados por el proyecto de Mario Pani (33). A lo largo de estos veinte años, la escala de los proyectos incrementó, pasando de 200 viviendas a más de 10,000 viviendas. Mario Pani fue el arquitecto más importante en cuanto al desarrollo de las unidades habitacionales, y fue quien creó un tejido urbano “moderno” para la ciudad de México; es decir, los proyectos dejaron de entenderse como elementos singulares (34). Las nuevas propuestas arquitectónicas se explorarán en el siguiente artículo de La vivienda en México.


Conjunto Urbano Presidente López Mateos de Nonoalco-Tlatelolco (1964) - Mario Pani, Luis Ramos Cunningham, Enrique Molinar, Domingo García Ramos, Victor Vila e Hilario Galguera. Fotografía de Armando Salas Portugal.


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Artículo 3 - los primeros edificios de v
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Notas y Referencias


(1) Canales, Fernanda. Vivienda colectiva en México - El derecho a la arquitectura. Barcelona: Gustavo Gili, 2017, 73.


(2) Z. Aguilar, Manuel. “Partido Nacional Revolucionario (PNR). Método y práctica en la selección de candidatos a puestos de elección popular (1929-1938)”. Estudios políticos. Número 24, 2011, 34.


(3) Z. Aguilar, Manuel, Op. Cit., 37.


(4) Z. Aguilar, Manuel, Op. Cit., 51.


(5) C. Dávila, Doralicia. Manuel Ávila Camacho. Accesado 29/05/2021. Disponible en https://www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/ACM97.html; Internet.


(6) L. Menegus, Alejandro. Clase media y funcionalismo - Apartamentos de bajo costo en la Ciudad de México, 1933-1942. México: UNAM, 2016, 118.


(7) L. Menegus, Alejandro, Op. Cit., 120.


(8) L. Menegus, Alejandro, Op. Cit., 130.


(9) Sánchez, Horacio. La vivienda y la ciudad de México - Génesis de la tipología moderna. México: UNAM, 2006, 134.


(10) L. Menegus, Alejandro, Op. Cit., 125.


(11) Canales, Fernanda, Op. Cit., 26.


(12) V. Ángeles, Jorge. “Edificio Ermita” Casa del tiempo. Número 35, 2010, 21.


(13) V. Ángeles, Jorge, Op. Cit., 21.


(14) V. Ángeles, Jorge, Op. Cit., 22.


(15) Canales, Fernanda, Op. Cit., 73.


(16) Canales, Fernanda, Op. Cit., 26.


(17) V. Ángeles, Jorge, Op. Cit., 23.


(18) L. Menegus, Alejandro, Op. Cit., 123.


(19) Pérez-Duarte F, Alejandro. “Nacimiento del modelo de apartamento en la Ciudad de México 1925-1954: lectura del archivo de un arquitecto”. Scripta Nova. Vol. VII, Número 146, 2003.


(20) L. Menegus, Alejandro, Op. Cit., 123.


(21) L. Menegus, Alejandro, Op. Cit., 127-128.


(22) L. Menegus, Alejandro, Op. Cit., 129.


(23) L. Menegus, Alejandro, Op. Cit., 130.


(24) Para más información sobre el edificio Estrasburgo, puedes referir a la Investigación que estamos realizando en FUNDARQMX de la vida y obra del Arq. José Creixell M a raíz de la digitalización de su Archivo Profesional.


(25) Arquine. Enrique de la Mora, Estrasburgo 20. Accesado 30/05/2021. Disponible en https://www.arquine.com/enrique-de-la-mora-cuatro-proyectos/#:~:text=En%20el%20primer%20n%C3%BAmero%20de,en%20la%20Ciudad%20de%20M%C3%A9xico; Internet.


(26) Anaya, Suleman. Luis Barragan´s Forgotten Works, Revisited. Accesado 25/05/2021. Disponible en https://www.nytimes.com/2020/07/24/t-magazine/luis-barragan.html; Internet.


(27) Anaya, Suleman, Op. Cit., Internet.


(28) Canales, Fernanda, Op. Cit., 73.


(29) Canales, Fernanda, Op. Cit., 73.


(30) Chacon, Manuel. “El arquitecto”. Arquitectura - México. Número 67, 1959, 141.


(31) Canales, Fernanda, Op. Cit., 73.


(32) García Peralta, Beatriz. Vivienda social en México (1940-1999): actores públicos, económicos y sociales. UNAM. CDMX: 2010, 37.


(33) García Peralta, Beatriz, Op. Cit, 38.


(34) Canales, Fernanda, Op. Cit., 91.


  1. Las imágenes refieren a los autores o sitios mencionados, si por descuido se ha omitido algún crédito, no ha sido con mala intención y agradeceremos nos contacten para difundir apropiadamente este documento informativo y de difusión de la vivienda en México.


Bibliografía


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Canales, Fernanda. “La modernidad arquitectónica en México; una mirada a través del arte y los medios impresos”. Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2013.


C. Dávila, Doralicia. Manuel Ávila Camacho. Accesado 29/05/2021. Disponible en https://www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/ACM97.html; Internet.


C. Dussel, Susanne. El antagonismo profundo: la arquitectura de Max Cetto. Accesado 23/05/2021. Disponible en https://www.arquine.com/el-antagonismo-profundo-la-arquitectura-de-max-cetto/; Internet.


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