1985: la Ciudad de México se ha reconstruido sobre sí misma

 

OPINIÓN. A 30 años del terremoto más devastador en el Distrito Federal, la capital es otra, aunque todavía quedan vacíos urbanos que nos recuerdan la destrucción, pero también la solidaridad, la participación y la comunidad.

 

CIUDAD DE MÉXICO

 

En FUNDARQMX nos esforzamos por conmemorar los 30 años del terremoto que sacudió la Ciudad de México en 1985; un evento natural que duró poco más de dos minutos a una escala de 8.1 grados Richter.

Fue tal la intensidad, que demolió 1,200 edificios sobre todo en la zona central y poco más de 5,700 edificios quedaron afectados. Muchos de ellos fueron construidos entre 1940 y 1960, los cuales se colapsaron de maneras inimaginables.

 

 

 

Los movimientos telúricos que se presentaron fueron oscilatorios y trepidatorios, es decir, que la tierra se movió en todas direcciones, primero de manera circular y posteriormente como un golpe -hacia arriba y hacia abajo- y pendular al mismo tiempo-, lo cual provocó aún mayor inestabilidad en las edificaciones, cercenando los edificios en diversos elementos estructurales como trabes o columnas.

En ocasiones dañando fuertemente los primeros niveles y en otras los pisos superiores, cayendo literalmente las losas sobre sí mismas o volteándose hacia la calle o sobre otra edificación vecina.

Nota: Ingenieros darán conferencias por aniversario del sismo de 1985.

 

Nunca antes habíamos vivido algo similar. Las imágenes que ahora les compartimos forman parte del Archivo Villasana-Torres de La Ciudad de México en el Tiempo, las cuales nos recuerdan todos estos aspectos.

 

Las anécdotas son escalofriantes, tanto las historias positivas de personas que por segundos, o por cambios de decisión lograron salvar la vida o las que, por lo contrario, encontraron la muerte.

La zona que más quedó devastada fue la delegación Cuauhtémoc en numerosas colonias: Centro, Alameda, Guerrero, Juárez, Roma, como se muestra en el gráfico que realizamos, basado en un documento realizado por la UNAM en 1986[1], en el que indicamos en negro la gran cantidad de edificios afectados.

 

Como el Hotel San Regis, el edificio Nuevo León en el conjunto habitacional Nonoalco Tlatelolco, el Conjunto Juárez, el Hospital General y el Centro Médico Nacional; Televisa Chapultepec, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes SCOP -con los murales de Juan O'Gorman-, los cuales tardaron años en restaurarse.

 

 

 

Viviendas, escuelas y edificios públicos, se vieron afectados. Muchos quedaron dañados e inhabitables y así quedaron por mucho tiempo, incluso algunos de ellos hoy en día no terminan de ser ocupados como la Torre Banobras.

De igual manera, la infraestructura de la ciudad se colapsó, líneas de abastecimiento de agua, gas, teléfono, electricidad quedaron interrumpidas y miles de calles se fracturaron.

Los rescates de personas varios días después del siniestro fueron hechos sorprendentes que generaron orgullo y admiración de la unidad y fuerza del mexicano para apoyarse en momentos de dificultad.

Mucha gente vivió en tiendas temporales por más de un año, hasta que paulatinamente se fueron edificando viviendas con el programa Renovación Habitacional, demoliendo viejas estructuras y antiguas vecindades. Poco a poco -muy poco a poco-, la ciudad se fue reconstruyendo.

Levantar cascajo de las calles llevó aproximadamente dos meses, pero retirar edificios caídos duró todavía varios años más. Todavía a finales del siglo XX se veían varios edificios colapsados que continuaban tal cual desde entonces.

 

Y todavía hoy existen vacíos urbanos que nos recuerdan, como si se tratase de una tumba, lo que ahí hubo alguna vez, como el San Regis convertido en el Jardín de la Solidaridad o el Conjunto Juárez donde actualmente hay un gran jardín.

 

 

Fue un evento traumático para la ciudad y sus habitantes. Quien lo vivió no lo podrá olvidar jamás. Familias enteras murieron. Una imagen impactante está en el Panteón Monte Sinaí en la Calzada México-Tacuba, donde los diversos tamaños de los monumentos funerarios acusan las edades de los padres e hijos que murieron juntos. Son incontables las personas que perdieron a familiares y amigos.

Varían las cifras, pero se estima que fueron 15,000 personas las que fallecieron. Los cuerpos primero fueron alojados en el Parque Delta de Béisbol y trasladados al cementerio más grande establecido para resolver, en el momento, el entierro de numerosas personas sin identificar: el de Tezonco en Iztapalapa, a los pies del cerro de tezontle que vigila a los muertos.

 

A raíz del terremoto, la ciudad replanteó su Reglamento de Construcciones del Distrito Federal.

Las Normas Técnicas Complementarias en el capítulo Estructural reforzaron mucho más las condiciones de edificabilidad: más refuerzo, nuevas fórmulas para que los edificios tuvieran mayor seguridad estructural, escaleras de emergencia, etcétera.

 

Se creó la figura del Corresponsable en Seguridad a Estructural para revisar el cumplimiento de las nuevas condicionantes y la revisión cíclica del buen estado de las edificaciones.

 

En Ponciano Arriaga 8, Col. Tabacalera, se encuentra el primer edificio reestructurado y es ejemplo de las primeras intervenciones desesperadas por remediar la situación.

 

Al principio los edificios se llenaron de contrafuertes y contraventeos que incluso estéticamente censuraban ventanales y ¡pasos en circulaciones!

 

Ejemplos: la licencia Numero 1 o el Edificio de la Secretaría de Hidráulica en Paseo de la Reforma, que quedó como ruina urbana llena de remiendos estructurales que eliminaban la posibilidad de una ventana libre de trabes cruzadas.

 

Todas las intervenciones parecían refuerzos 'forzados' para que el edificio siguiera en pie a como diera lugar, pero paulatinamente, los estudios y las reestructuraciones se hicieron con maestría e ingenio para que sin perder la belleza del inmueble, éste pudiera volver a utilizarse con seguridad.

Los precios del metro cuadrado de casas históricas y nuevas se redujeron como nunca. La gente ya no quería vivir en la zona central por temor a que volviera a suceder un evento tan fuerte y devastador.

Para algunos fue una oportunidad para cambiarse a vivir en los alrededores de la ciudad que iba creciendo; para otros fue el momento ideal de adquirir una casa en una zona céntrica a un valor mucho menor. De hecho, la delegación Cuauhtémoc no ha logrado igualar el número de habitantes que había en 1985, un estimado de menos de 300,000 desde entonces.

 

 

 

 

La ciudad se ha reconstruido sobre sí misma, sobre los predios remanentes como el Hotel Hilton o las Torres de la Secretaria de Relaciones Exteriores en el extenso predio que quedó tras la demolición total de la manzana comprendida entre Juárez, Dr. Mora, Balderas y La Alameda. Pero a 30 años del sismo, aún existen vacíos urbanos de predios que no se han regenerado y que mantienen latente el recuerdo de la fuerte destrucción que sufrió la Ciudad de México.

 

Conmemorar este suceso es vital para recordar que, como comunidad, podemos hacer mucho los unos por los otros, trabajando unidos y con un mismo objetivo, de manera desprendida; -ojalá no fuera sólo en caso de emergencias.

 

Éste ha sido uno de los momentos de mayor participación ciudadana no forzada y condicionada. Ayudarnos para recuperarnos. Eso nos hace falta; la solidaridad que nos distingue, aplicada a la reconstrucción cotidiana de nuestra ciudad en lo urbano-arquitectónico-espacial-social, pero también -y en principio-, en lo generoso y humano.

 

Ver artículo en Obras web

 

[1] Revista de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, DOCUMENTOS, Volumen Uno, 1986, Especial, Ciudad de México, 19 de septiembre de 1985, División de Estudios de Posgrado.

 

*María Bustamante Harfush es arquitecta por la Universidad Iberoamericana, Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo, Miembro fundador de FUNDARQMX, Vicepresidenta de la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán.

 

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