40 años de la Casa Gilardi de Luis Barragán

 

A los 74 años, el arquitecto mexicano expuso su obra en el MOMA y realizó un último encargo profesional: la Casa Gilardi.

 

CIUDAD DE MÉXICO — "Chucho Reyes tenía un excelente ojo para el color. Dedicó su vida a las cosas bellas. No entendía de planos, pero me ayudó con el color. Colocamos los colores para la casa Gilardi pintando grandes cartulinas en mi casa, recargándolas una tras otra en las paredes, moviéndolas de lugar, jugando con ellas hasta que decidimos los colores exactos. Les diré un secreto: la piscina tiene un muro o columna rosa que no sostiene nada. Es una pieza de color situada en el agua, por placer, para traer luz al espacio y mejorar su proporción original" 

 

Luis Barragán –a sus 74 años- participa en dos cosas extraordinarias: expone por primera vez su obra en el MOMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York) y realiza un último encargo profesional. Una última obra, la más escultórica, depurada y colorida; en lo que era un predio cercano a su propia casa, de medidas y condiciones "comunes y corrientes" en la colonia San Miguel Chapultepec.

 

Al frente, la fachada cerrada, con una sola ventana nos recuerda la importancia que da Barragán a vivir hacia el interior. Una franja de madera oscura oculta los portones para autos y personas y permite enfatizar la volumetría rosa, "volando" hacia la calle.

 

Ahí, agarrado de una excelsa jacaranda, construye a su alrededor los espacios de la casa para "Pancho" Gilardi, incluyendo como premisa la alberca solicitada por su cliente en un predio de apenas 350 m2 (10x35).

 

Con ese elemento poderoso hacia la calle, fragmenta en dos volúmenes la casa, dejando al frente los servicios y dormitorios, y en la parte posterior se llega al espacio público del salón-comedor, el cual convive visualmente con la piscina y el patio de la jacaranda. Ambos volúmenes están conectados por un pasillo de celosía que gracias al tinte en los vidrios, baña el espacio de color amarillo.

 

La piscina enmarcada con los muros azules de fondo es penetrada por un muro rojo y el cambiante rayo de la luz del día generando juegos compositivos que han sido dignamente retratados por arquitectos, artistas y fotógrafos de la talla del holandés Kim Zwarts, del japonés Yutaka Saito, del americano Roland Fischer, quien expuso recientemente su obra en gran formato en Zona Maco (2016).

 

 

Zwarts presentó algunas de sus fotografías, mostrando la grandiosidad de la composición de la luz y del espacio, mismas que aparecieron en el libro monográfico Luis Barragán-Theeyeembodied (2006).

 

 

En el caso de Saito, cuenta la directora de la Casa Estudio Luis Barragán Catalina Corcuera, con un bañador térmico se sumergió durante horas en el agua para estar a la altura rasante de la piscina y poder así retratar a ese nivel el espacio, la entrada de luz en movimiento constante sobre el agua calma. El ángulo ideal para apreciar al máximo la perfección de su concepción.

 

 

Las imágenes quedaron impresas en su libro Casa Barragán (Tokyo: TOTO, 2003) y Luis Barragán (México, Noriega Editores, 1994), mismas que presentamos en este breve artículo y que ilustran perfectamente el valor de esta obra arquitectónica en la Ciudad de México.

 

En el libro Luis Barragán, de Saito, aparece una hermosa entrevista realizada al director de Arte, Francisco Gilardi, en 1992, donde platica la verdadera historia de su casa.

 

Cuenta cómo su padre conocía a Luis Barragán -ambos aficionados a la equitación- y que recuerda cómo conoció a los seis años al arquitecto, cuando ambos paseaban en sus caballos por el Paseo de la Reforma.

 

Décadas después compró una casa de los años 30 en dicho predio y dada las malas condiciones de la misma, fallas en los muros de adobe, en la plomería, pensó que era mejor construir una nueva.

 

Le pidió a un amigo arquitecto que le construyera una casa "estilo Barragán" y el amigo se opuso. Dijo que no podría hacerla, que sólo podía hacerle una casa en su propio estilo.

 

Lo mismo sucedió con otro amigo, así que decidió llamar directamente a Barragán y pedirle algo que pareciera irreal, "que le proyectara su casa". Él, todavía muy joven y con poco dinero, le hizo la petición.

 

Barragán le dijo que estaba ya muy viejo, que hacía 10 años que no hacía una casa, desde la de Egerstrom; que era más un desarrollador que un arquitecto; que le diera tres meses para pensarlo. Gilardi insistió en la existencia de unas jacarandas y una pileta en la casa como motivadores y funcionaron. Llamó a los tres meses y Barragán accedió y demoró otros seis meses más en tener lista la propuesta. Nueve meses de gestación para una obra final.

 

Gilardi quería un hogar en el estilo de Barragán, una casa mexicana, como la de San Cristóbal, la Prieto López o la Gálvez.

 

Para Barragán lo importante en la arquitectura era el espacio, no la planta. De hecho cualquiera de las plantas arquitectónicas de su obra, imposibilitan imaginar la grandiosidad del espacio construido.

 

Lo mismo sucedió con Gilardi, no entendía lo que Barragán tenía en mente para su casa, la planta era extraña, para empezar, el comedor alejado de la cocina. La obra negra, tampoco permitía vislumbrar en lo que se convertiría.

 

Hasta que los muros tuvieron una primera base blanca, Gilardi comprendió lo que Barragán había creado. Esta pequeña casa, representó la mejor síntesis de su obra y de sus principios.

 

La relación arquitecto-cliente permitió una libertad basada en la admiración y el respeto a sus decisiones, ya que aquí Barragán volvió a hacer de las suyas, al recortar muros que ya estaban terminados, abrir huecos donde no habían, cambiar el color hasta cinco veces, o tirar un techo para una entrada de luz, acciones que pocas personas tolerarían.

Sin embargo, ante estas actitudes determinantes, Barragán tomaba también muy en cuenta que el espacio fuera lo que Gilardi esperaba, que le satisficiera en todo sentido, los muros, los colores.

 

No era incertidumbre, inseguridad o duda, lo que lo hacía mover una y otra vez los elementos del espacio. Era humildad y certeza de estar generando un mejor espacio y claro que no cobraba por ninguno de estos cambios.

Una vez terminada, Gilardi tarda dos años en empezar a sentir que era su hogar esta casa fría. De inicio, no era muy acogedora.

 

Lo que los visitantes decían de ella, fue lo que empezó a generar en él, el calor, el aprecio y el valor por su propia casa. "Empecé a darme cuenta de lo que significa el 'milagro del espacio' y es cuando me di cuenta de lo excepcional de esta arquitectura”.

 

Algunos de los visitantes: David Hockney, Francis Ford Coppola e Isabella Rosselini quien visitó la casa estando embarazada y nombra a su hijo 'León', tal como la calle donde se ubica.

 

Cuatro años más tarde, Barragán gana el premio Pritzker por una obra escasa, pero relevante, única y emocional, que logró voltear los ojos internacionales a un México tradicional y moderno, con sensibilidad y fuerza.

 

 

Visita la publicación del artículo en ObrasWeb

 

Please reload

Entradas Destacadas

40 años de la Casa Gilardi de Luis Barragán

6 Oct 2016

1/10
Please reload

Entradas Recientes
Please reload

Búsqueda por Tags
Síguenos
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic

© FUNDARQMX 2019